?La fractura de los huesos del viento trae un lamento constante?
Las alcantarillas siguen rechazando el bocado líquido sobre sus bocas, atragantadas tienen sus tráqueas de cemento, de tanto palo, basura y piedras exiliadas de tierra. El agua no sabe dónde ir, sólo se deja llevar hasta cualquier punto incierto. Y como bien sabrás, en su peregrinaje sagrado, cansada de no encontrar la ruta hacia el mar, se esconde y fondea en lugares que no son siempre los más adecuados, o sea, preferentemente busca refugio donde los más pobres y necesitados. ¿Imaginará que quizás encontrará más ternura en aquellos sitios? Entonces, imagino que sabes que el viejo ritual del anegamiento y sufrimiento se repite perenne e inexorablemente sobre esa larga canaleta austral.
Es curioso como inflan las cifras y las medidas del agua caída sobre ciertos lugares; especialmente cuando hace años atrás llovía el doble y hasta el triple y no existían los papelones estructurales mal llamados catástrofes naturales que existen ahora.
Y mientras los señores duermen arropados, tibios, y despreocupados, otros, los de siempre, duermen con los ojos abiertos. En cualquier momento se desbordan como cada año los ríos, como cada invierno los canales, se vienen abajo los cerros, y las goteras son estalactitas persistentes cual cuchillos traicioneros, acechando nocturnas y diurnas sus potenciales víctimas.
Las promesas electorales no concretizaron ningún embalse, ningún acueducto, no limpiaron las cloacas que son tan de sus gustos. El único colector que funciona a la perfección es el de los votos, ése sí es importante, ese no colapsa nunca. Muéranse, ahóguense, inúndense, pero primero vote por nosotros.
Y los techos lloran con gemidos repetitivos y constantes, de las viejas casas, rucas y ranchas corren lágrimas por sus fachadas. Cataratas de todos los tamaños reparten catarsis parálisis ante lo dantesco de ciertos embalses, diques, represas, embalses y puentes que se vienen abajo como simples maquetas mal fabricadas por manos avariciosas que invierten lo mínimo pero que usufructúan lo que más pueden.
Ingenieros, Arquitectos, trazadores, agrimensores, topógrafos mediocres que callan, que acatan las órdenes de ratas insensibles que por ahorrase un par de monedas construyen la proyección de sus propias vidas, de su propio interior hacia afuera. Edificaciones de pacotilla, arena por cemento, fierros oxidados por acero nuevo y templado, salarios miserables que no estimulan el buen trabajo de nadie. Todo vale a la hora de obtener algún provecho, robarse alguna tajada, tocar algún acomodo. Dineros fiscales, particulares ó mixtos se desbordan siempre sobre ciertos bolsillos de norias asquerosas que no tienen fondo, ni tope.
Es la cara desagradable de vivir entre Capitalistas ordinarios, rascas, de baja calaña y poca monta que no confían ni siquiera en su propio sistema, ese mismo que ellos han instaurado e instalado a sangre y fuego. No invierten en el mañana, quieren la ganancia ahora, ya, al instante. Invertir lo mínimo y ganar lo máximo. No importa la calidad, ni el desarrollo, ni económico, ni cultural, ni social, ni nada de nada. De ahí la premura de la usura y la sinverguenzura por recuperar lo poco y nada que han invertido vertiginosamente antes que su propio sistema, doctrina de la navaja se les caiga encima. Y es que el desarrollo tecnológico de este país bananero es fruto del cerebro de otras gentes, de otros estados, aquí, en este cuchitril mal llamado país, meros copiones, imitadores mediocres, émulos de quinta categoría, Se destacan enormemente por ser simples sicópatas de las ganancias. Meros estafadores de sueños, permutando anhelos por cuentos y maravillas del modelo.
Racionamiento del sufrimiento. No pagas el servicio las sanguijuelas eléctricas te sientan en la silla eléctrica. Si el servicio es malo, pésimo o inoperante, ahí hay que ser comprensivo y patriota.
Falla el suministro de agua, detalles ajenos a la política de la empresa redactada con letra microscópica en el párrafo b, sección diez, página catorce, apéndice J. Ignorantes que somos.
Ayudar, cooperar, entender, auxiliar. ¿Las compañías son iguales con los consumidores? A la par, la oficina del derecho del consumidor dispara balas de salva en contra de esos monstruos que viven y se nutren del lucro y el boato.
Las manos del agua, tratándose de asir de cualquier cosa para no parir sufrimientos, se lleva a la propia madre tierra entre sus dedos, se lleva lo que encuentra a su paso. Se infla y filtra por entremedio de todos los rincones y hendiduras en que pueda escabullirse de su destino final. Y en su desesperado periplo rompe las cañerías, perfora los conductos abastecedores, los tubos del desagüe, las tuberías y se mezcla con el agua preparada, potable, refinada y particular, y en ese abrazo mortal, letal, el agua mimosa ya no es más que una mezcla de brebaje de tierra, piedras, arañas, bichos, mierda, madera, pelos de ratas humedecidas y escondidas que conforman la nueva fórmula que sólo produce enfermedades y molestias.
El color del tiempo prepara un té envenenado, un café que despierta las enfermedades dormidas, el agua turbia y su turbante de malestares y pesares.
En medio de un temporal apocalíptico, en medio del ojo del huracán, de las peores tormentas, falta el agua para beber, para tomar, para prepararse aunque sea un humilde té.
El país hace agua por todos lados y sarcásticamente, como broma macabra, no hay agua para beber. Sólo agua para ahogarse, empaparse y hundirse.
Se puede seguir leyendo en:CHILE - Tormentas y Tormentos
Jueves 5 de junio de 2008, puesto en línea por Andrés Bianque



























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