Miedo a que, miedo a la oscuridad, miedo al ridículo, miedo al fracaso o miedo al éxito.

Miedo a que, miedo a la oscuridad, miedo al ridículo, miedo al fracaso o miedo al éxito. El miedo es sicológico o social o comunicacional.

 

Miedo es una emoción caracterizada por un intenso sentimiento habitualmente desagradable, provocado por la percepción de un peligro, real o supuesto, presente o futuro. Es una emoción primaria que se deriva de la aversión natural al riesgo o la amenaza, y se manifiesta tanto en los animales como en el ser humano. El presente artículo trata fundamentalmente del miedo en humanos.  Desde el punto de vista biológico, el miedo es un esquema adaptativo, y constituye un mecanismo de supervivencia surgido para permitir al individuo responder ante situaciones adversas con rapidez y eficacia. En ese sentido, es normal y beneficioso para el individuo y para su especie. Desde el punto de vista neurológico es una forma común de organización del cerebro primario de los seres vivos, y esencialmente consiste en la activación de la amígdala, situada en el lóbulo temporal. Desde el punto de vista psicológico, social y cultural, el miedo puede formar parte del carácter de la persona o de la organización social. Se puede por tanto aprender a temer objetos o contextos, y también se puede aprender a no temerlos, se relaciona de manera compleja con otros sentimientos (miedo al miedo, miedo al amor, miedo a la muerte) y guarda estrecha relación con los distintos elementos de la cultura.

 

Según el diccionario de la Real Academia Española (DRAE) []el miedo es la “perturbación angustiosa del ánimo por un riesgo o daño real o imaginario”. El vocablo procede del latín metus, que tiene significado análogo. Como todas las emociones admite graduación, y así el diccionario ideológico de Julio Casares establece algunos términos asociados, como temor, recelo, aprensión, pánico, canguelo, espanto, pavor, terror, horror, fobia, susto, alarma, peligro o pánico.

 

Catherine Lutz []ha estudiado la variabilidad cultural del miedo. Según sus averiguaciones, la comunidad ifaluk considera positiva la cobardía, y por tanto para ellos es bueno confesar el miedo pues es prueba de ser persona inofensiva y temerosa de las leyes del grupo. Joanna Bourke, autora de Fear: a Cultural History (El miedo: una historia cultural) revela que el miedo, como un sentimiento colectivo e individual, varía con las épocas y los contextos históricos. Esta investigadora sostiene que el principal transmisor actual del miedo son los medios de comunicación de masas, pero en todo caso se precisa de la credulidad de la sociedad para que el pánico estalle. Tras estudiar los archivos históricos, la autora muestra cómo entre 1947 y 1954 estalló un pánico colectivo ante el abuso sexual de niños[], pese a que los periódicos llevaban años publicando ese tipo de noticias. Otro caso estudiado por la autora es el pánico colectivo desatado por la retransmisión de La guerra de los mundos por Orson Welles en 1938, cuando una ficción radiada sobre un ataque alienígena a la tierra desató la alarma entre los estadounidenses. La autora recuerda que el precedente de ese experimento (una emisión equivalente de la BBC realizada por K. Fox en 1926, con idénticos resultados de miedo colectivo en el Reino Unido) fue olvidado, tal vez por un posterior sentimiento de vergüenza colectiva: La autora concluye que el miedo es también un arma de dominación política y de control social. Son diversos los autores que denuncian el uso político del miedo como forma de control de la población, haciéndose hincapié en la creación de falsos escenarios de inseguridad ciudadana. [A lo largo de la historia ha habido todo tipo de movimientos sociales y culturales fundamentados en el miedo a algo: el milenarismo, en miedo al efecto 2000 o los movimientos apocalípticos. El miedo es también un arma de guerra, empleada con asiduidad en la guerra moderna gracias al desarrollo de la aviación.

 

El miedo es una característica inherente a la sociedad humana: está en la base de su sistema educativo[ ](Que, como expuso de manera radical Skinner, en buena medida se define por el esquema básico del premio y del castigo) y es un pilar del proceso socializador []. Buena parte del sistema normativo se fundamente en el miedo, como muestra el Derecho Penal. Desde el ámbito de la ciencia política y la filosofía el miedo se ha identificado como una de las características de la sociedad postmoderna. Ulrich Beck la denomina risikogesellschaft (sociedad del riesgo) en la medida en que es ahora el momento en que por primera vez la especie humana se enfrenta a la posibilidad de su propia destrucción y extinción.

 

Un artículo sobre el miedo como instrumento de gobernación (o como dicen ahora, gobernanza), centrado en Chile, pero extrapolable a cualquier país occidental. Bernardo Bátiz: “Es Maquiavelo quien con toda objetividad, sin emitir juicio de valor, en El príncipe, analizó cómo se hacen obedecer los gobernantes; hay dos formas, decía, haciéndose amar por sus súbditos —ahora diríamos por los gobernados—, o haciéndose temer. La obediencia, el sometimiento de los más a los menos, era el objetivo de aquellos príncipes crueles, refinados y absolutos, que Nicolás Maquiavelo tomó como modelos y describió en su conocida y brillante obra, precursora de la ciencia política. No desdeñó, por supuesto, describir que junto al temor podían usarse el engaño, la simulación, la traición, como instrumentos de quienes mandan, y luchan entre ellos por el mando.” El miedo, arma política.

 

Dos elementos claves en la fundación del nuevo desorden internacional son el keynesianismo militar y la política del miedo. El incremento en su gasto militar ha provocado un crecimiento moderado de la economía de Estados Unidos. Las grandes beneficiarias de la guerra contra el terrorismo han sido las compañías proveedoras de material bélico. Estas empresas son uno de los principales apoyos de la administración Bush y del Partido Republicano. La política del miedo ha permitido justificar los grandes gastos gubernamentales en armamento y fortalecer el liderazgo conservador en Washington. De acuerdo con el Fondo Monetario Internacional (FMI), las nuevas reglas impuestas por Estados Unidos después de los atentados del 11 de septiembre de 2001 provocaron un aumento hasta de 64 mil millones de dólares en el gasto militar mundial (La Jornada, 9/01/04).

 

El presupuesto bélico en el planeta, como parte del gasto gubernamental, se incrementó de 7 por ciento en 2000 a 7.3 por ciento en 2002. De acuerdo con el Instituto de la Paz (SIPRI) ha crecido en 6 por ciento en términos reales desde 1998, y representa 2.5 por ciento del producto interno bruto (PIB) de todo el orbe. Esto es, se invierte en armamento cada año un promedio de 128 dólares por persona, más de lo que decenas de millones de seres humanos tienen para vivir.

 

Estados Unidos ocupa el primer lugar en gastos militares del globo. Más de cuatro de cada 10 dólares invertidos en ese rubro provienen de esa nación. Es también el principal productor de armas en el mundo. Entre 1998 y 2002 efectuó 41 por ciento de las ventas. Siete de las 10 más grandes industrias bélicas están establecidas en ese país. Su gobierno apoya con financiamiento barato la adquisición de armamento estadounidense por otros países. Por ejemplo, en diciembre de 2002 la empresa Lockheed Martin vendió jets de combate a Polonia; en esta operación la administración de Bush apoyó con un crédito de 3 mil 800 millones de dólares.

 

El incremento en los desembolsos bélicos ha reanimado la alicaída economía estadounidense y guiado su recuperación. Ha provocado que se "bombee" casi un 5 por ciento más de dinero, y provisto un estímulo que la mera baja de intereses en los préstamos o la disminución de impuestos no habría podido propiciar. En los momentos más álgidos de la guerra contra Irak, la economía del vecino del norte tuvo un crecimiento de 3.3 por ciento del PIB; según diversos economistas, cerca de 60 por ciento de ese aumento se debió a gastos militares. Al gobierno republicano no le importa que esa inversión no construya la infraestructura pública necesaria para un desarrollo sostenido, ni que tenga efectos negativos en educación o salud. En lo inmediato, de cara a las próximas elecciones, esta política crea efectos de crecimiento en el corto plazo.

 

Para financiar el gasto militar, la administración de Bush ha adquirido un déficit presupuestal que escandalizaría a los más ortodoxos economistas neoliberales por su irresponsabilidad: llega a 4.5 por ciento del PIB. No es la primera vez que una administración republicana lo pone en práctica. Ronald Reagan llegó a tener un déficit de hasta 6.2 por ciento en 1984, pero, a cambio, logró que la economía creciera más de 7 por ciento poco antes de buscar su reelección. Los conservadores estadounidenses parecen tener en muy alta estima las enseñanzas del economista polaco Michal Kalecki a la hora de echar a andar esta modalidad de keynesianismo militar.  De acuerdo con una encuesta realizada por Gallup para el Foro de Davos (El País, 10/01/04) existe la sensación de que se vivirá peor en el futuro. La mitad de los entrevistados en 51 países cree que la nueva generación vivirá en un mundo menos seguro. No falta razón. El clima de guerra ha provocado en todas partes la sensación de zozobra e inseguridad. Las promesas de un planeta en paz después de la caída del socialismo real han resultado absolutamente falsas. Tan sólo en 2002 -antes de la invasión a Irak- se produjeron en el mundo 21 conflictos armados de grandes dimensiones.

 

Este pesimismo y este miedo (recuérdese el asunto del ántrax durante la invasión a Afganistán) refuerzan las políticas autoritarias y belicistas de la administración de Bush. Él ofrece protección, seguridad y estabilidad en un mundo de riesgo y desorden. Al hacerlo, justifica la inversión millonaria en presupuestos militares y medidas policiales; la limitación de las libertades civiles y el desmantelamiento de las redes de protección social. Se prepara para su reelección. Hace ya muchos años, Erich Fromm analizó en El miedo a la libertad la compleja trama existente entre el ascenso del fascismo y el miedo, que es muy similar a la que vivimos hoy en día.

Este post tiene aportes de:

http://es.wikipedia.org/wiki/Miedo

Comentario de Luis Hernández Navarro en la Jornada y el mundo árabe.

Pablo Ramírez Torrejón

 

Publicidad por Bligoo.com
Nubedesol
dijo :

 

 hay que saber afrontarlo y superarlo, en todo caso es dificil

-----------------
El odio es vil herencia del alma criminal



09/06/2007 a las 16:40Responder

Escribe un comentario

¿Quieres usar tu foto? - Inicia tu sesión o Regístrate gratis »
Comentarios de este artículo en RSS