Las insolvencias y las quiebras traen aparejadas ciertos prejuicios o supuestos que, para una adecuada comprensión y utilidad del sistema concursal, hay que decir que no se apoyan en evidencia de los últimos años.
La insolvencia de las empresas, es decir la incapacidad de responder a sus obligaciones con sus diversos acreedores y, eventualmente su posterior quiebra, no es una situación exclusiva de periodos económicos de crisis o desaceleración. Es más, las quiebras también acontecen en épocas de expansión económica. Si durante el año 2008, periodo en el cual se “declaró” la crisis económica internacional y Chile creció a una tasa de 3,2% se registraron 150 quiebras, durante el año 1996, con una expansión económica anual en torno al 7%, igualmente 70 empresas cayeron en quiebra.
Por otro lado, se suele percibir la institución de la quiebra como algo malo o con lo que no nos gustaría encontrarnos. Cierto. A nadie le gusta fracasar ni en los negocios ni en la vida, pero los fracasos forman parte del ciclo económico de una empresa. Además, desde la perspectiva de los acreedores del negocio fallido y, también, desde la posición del interés social con relación a los recursos productivos ociosos, los emprendimientos que no son viables deben ir a la quiebra para que los créditos se paguen, de acuerdo con las preferencias legales y los recursos financieros disponibles. Del mismo, para que en el proceso de liquidación, los bienes dejados por el fallido se reasignen a través del mercado a quienes los requieren para fortalecer o iniciar otro emprendimiento.
También se suele creer socialmente, que quien ha quebrado “preparó” su quiebra.
Hay evidencia procesal penal que da cuenta de innumerables casos, que culminaron con sentencias condenatorias de quiebras fraudulentas o culpables. Es bueno que la persecución penal pretenda la sanción de quienes, ocupando la institucionalidad comercial, se sirven de ella para defraudar a sus acreedores, entre los cuales pueden estar los trabajadores, el Fisco, las instituciones financieras, otras empresas, etc. Pero nuevamente la evidencia nos dirá que estos casos son los menos.







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