
Los mayores empresarios inmobiliarios llevan años esperando comprarle a Copec, Shell y Esso un paño de casi 18 hectáreas que une la Ciudad Jardín con el camino a Reñaca, bordeando la playa y que no se venderá por menos de US$ 60 millones. El problema es que el terreno está contaminado por casi un siglo de almacenamiento de hidrocarburos, lubricantes y pesticidas. Entre 2002 y 2007, las petroleras lograron que Conama les aprobara un plan de saneamiento -el primero en Chile de esa magnitud- que les permitió rebajar millonarios costos al impedir que se las obligara a limpiar más allá de un metro de profundidad. CIPER descubrió informes y testimonios que cuestionan la transparencia del proceso: parámetros para medir tóxicos potencialmente cancerígenos reemplazados por otros más permisivos, estudios técnicos en los que se borraron datos clave que perjudicaban a las petroleras y ordenanzas municipales que permitirán que se construya sin garantizar la salud de los residentes.

Definitivamente, cada año del gobierno de Michelle Bachelet estará marcado por una crisis de proporciones: el primero, por la rebelión de los “pingüinos, el segundo por el Transantiago y, el tercero, por un posible racionamiento eléctrico; en los tres, estas crisis no se le pueden achacar a la mala suerte, sino a la imprevisión. Si dos factores fatales coinciden copulativamente, es evidente que se producen crisis casi insalvables.


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